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Archive for 26 enero 2012

El tamaño importa

Ya hace tiempo que me di cuenta: las fotografías ¡en grande!.
 
Y es que no es lo mismo ver una fotografía en un tamaño pequeño que en uno mucho mayor. Hace tiempo me regalaron una imagen de un metro de larga. Viéndola todavía sigo pensando lo mismo: las mejores fotografías deberían ser susceptibles de ser una gran copia y ser admitidas en una pared. De esta forma a veces me tomo esta percepción como “criba personal” para algunas de mis imágenes y en bastantes ocasiones he tildado de “simplemente aceptable” alguna de mis fotos al no conseguir visionarlas a un gran tamaño de forma más o menos impactante. 
 
Suele ser un buen consejo (pendiente también para mí) ampliar alguna de las fotografías que vayamos haciendo para darnos cuenta de las deficiencias técnicas que muchas veces nos pasan desapercibidas (por culpa de los monitores y los pequeños tamaños donde todo se oculta con demasiada facilidad). Esto nos ayudará a comprender muchos fallos y errores y seguramente nos dé pie a ir corrigiendo y mejorando dentro de nuestras posibilidades.
 
De las recientes exposiciones fotográficas a las que he podido asistir la que más me ha gustado tenía unas imágenes mayores. No tiene por qué ser así pues el contenido consolida finalmente la percepción global, pero reconozco que, de entrada, un buen tamaño impone. Además de hablarnos un poco más del autor (conocimientos técnicos, encuadres, ajustes de la imagen…) nos ofrece más posibilidades de deleitarnos con su atmósfera global y con esos pequeños (pero siempre importantes) detalles que acompañan a la escena.
 
Lo hemos escuchado muchas veces: ¡esa foto en grande ganaría notablemente!. Sirve esto también para darnos cuenta de lo contrario: no todas las imágenes aceptarían un cambio de tamaño sin una pérdida de estética o calidad. Para este último caso es mejor que sigan “dormidas” a tamaños menores, aunque hemos de reconocer que ese no es el camino que perseguimos pues a todos nos gustaría conseguir fotografías que nos lleguen a impactar visualmente. Por eso creo que, en ocasiones, deberíamos pensar más en tamaños grandes. ¿Has pensado en alguna imagen tuya a gran tamaño? ¿Mejoraría?¿Empeoraría? ¿Y entonces… ?
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A menudo (casi siempre) se olvida o no se es consciente del tiempo empleado en la ejecución de una fotografía de paisaje. El espectador suele contemplarla y en muchísimas ocasiones termina pensando que el fotógrafo tuvo suerte aquél día al disparar su cámara. ¡Qué lejos de la realidad!.
 
Es cierto que en muchas ocasiones podemos salir a fotografiar para ver lo que “nos encontramos”, sin más pretensiones a priori, y que de esta forma se puede conseguir algo interesante. Sin embargo, ¡no hay que dejarse engañar!. Acertar en una primera visita es meramente casual. Si queremos obtener los resultados que buscamos (en fotografía de paisaje sobre todo), debemos trabajar para dejar al azar el menor número de variables posibles. La localización previa del lugar, la elección del encuadre adecuado, el momento de luz que deseamos para nuestras composiciones, las variables atmosféricas, la época del año y sobre todo, lo que nosotros como fotógrafos deseamos transmitir, se convierten en variables que, cada día con más frecuencia, pasan desapercibidas al observador. El fotógrafo paisajista intenta conocer todos estos extremos para disparar en el momento exacto, en el que considera que todo está “en su punto y bien ubicado” (o metafóricamente y más divertidamente dicho “cuando todos los astros están alineados”).
 
Las fotografías que más satisfacción me causan son las que he “creado” previamente en mi mente, mucho antes de disparar, las que he “visualizado” tras visitar un lugar potencialmente interesante para mí. Quizás son pocas las que he conseguido plasmar de esta forma pero saber repetir, esperar el momento y ser paciente suele dar sus frutos. Cuando logramos acercarnos a lo que tenemos en la mente, la alegría es doble y todos los esfuerzos se ven recompensados. Hay veces que sabemos que aún nos falta “ese toque final” para rematar la imagen y volvemos a los mismos encuadres en aras de afinar una imagen que ya hemos realizado anteriormente.
 
Además de este tiempo de “ejecución”, en el que el disparo se convierte en el último elemento, existe otro intangible y es el que llevamos tras nosotros al intentar formarnos visualmente. Cursos, exposiciones, miradas hacia los fotógrafos que nos inspiran, lecturas… se van acumulando en nuestra mente para luego exprimirlos en el momento de nuestras salidas fotográficas. Quizás incluso ni nosotros mismos somos conscientes al disparar de todo este tiempo que va enriqueciendo lentamente nuestra cultura visual, pero tras la última fotografía existe todo este “trabajo de campo”, un trabajo de maduración que tantas veces nos pasa desapercibido.
 
Por eso cuando le preguntan a un buen fotógrafo de paisaje sobre el tiempo que le ha llevado una fotografía, no es de extrañar que conteste meses o incluso años. Hoy en día el desbordamiento de imágenes es tremendo, la información visual que nos llega a diario es enorme y emitimos rápidos juicios sobre una imagen que no se adecúe a nuestros patrones visuales aunque solo haya pasado durante unos segundos por nuestras retinas.
 
Cuando encontremos una imagen distinta, especial o que nos llame la atención, creo que es conveniente saber parar el tiempo para apreciar precisamente los muchos instantes que existen detrás de ella y poder deleitarse, aún más, con todo lo que transmite cada rincón de su encuadre.
 
 

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