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Archive for 11 mayo 2012

Todos tenemos identificados ciertos lugares que podríamos denominar “mágicos”. Por más que vamos a ellos no nos cansamos de sentirlos y vivirlos; cuando no lo hacemos parece que nos falta algo y los echamos de menos. También escuché alguna vez (o leí, no recuerdo bien) que el que no los tiene es porque todavía anda en su búsqueda. Al final, todos acabamos encontrando los nuestros.

Para mí, y quizás por cercanía, la Costa Quebrada ya es, desde hace tiempo, un lugar mágico. Costa, mar, cielo, arena, rocas… lo tiene casi todo para sentirme libre y feliz a lo largo de sus acantilados. Pero también lo es, y casi con mayor intensidad, toda la comarca lebaniega. Atravesar el desfiladero de la Hermida para adentrarme en sus tierras siempre me ha hecho bombear la sangre de distinta forma, con más alegría, como con cierta aceleración.

Casi siempre, medio bromeando, me he dicho a mí mismo que si la reencarnación existiera estoy seguro de haber vivido ya entre estos bellísimos valles de Liébana, ¡tal es la magia que en mí desprenden!.

Quizás por sentirlos como mágicos, cuando nos acercamos para fotografiar estos lugares deseamos captar toda su esencia, sus luces, su atmósfera, su entorno, lo que en nosotros provocan… ¡Y volvemos una y otra vez!. Y cuando no hemos conseguido lo que buscamos, cuando la naturaleza nos gana la partida en forma de tormenta o temporal, cuando las luces no son todo lo bellas que esperábamos, en el fondo, nos da igual. Sabemos que tendremos otra oportunidad para captar la magia, el instante, la belleza…Mientras tanto no habremos perdido el tiempo; hemos estado unidos mano a mano con la naturaleza, como si fuéramos otro elemento más, como si nos olvidáramos de todo lo superfluo, como si nos sintiéramos una parte insignificante de toda esta existencia.

 “Nada somos frente a la inmensidad del mar, frente a las altas cumbres, los bosques inexpugnables. Ante esta belleza salvaje el hombre mira hacia dentro de sí mismo, en silencio y soledad. Todos los paseos nos conducen hacia nosotros mismos, toda meditación posible gira sobre nuestros sentimientos, la muerte, el amor, la soledad. Parece que en la naturaleza nos podemos, aún, reencontrar, ajenos a un mundo ruidoso, veloz, superficial, que hemos creado buscando protección y riqueza, alejándonos de los que somos, de los árboles y de los ríos.” (Rosa Olivares. De la revista “Exit” dedicada al paisaje).

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