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Archive for 30 abril 2014

De todos los lugares visitados en nuestro viaje a Islandia, creo que Jökulsárlón se lleva la palma en cuanto a impacto visual-sensitivo, al menos para mí. La culpa lo tiene internet, sin duda, porque son tantas las veces que hemos visto las majestuosas cascadas de este país que cuando llegas a ellas ya sabes más o menos lo que te puedes encontrar, sin que por ello dejen de ser realmente impactantes para nuestros sentidos, ¡menudas son!…

A pesar de haber visto algo de este glaciar, llegar a él me impactó muy especialmente, quizás por lo repentino y rápido de su aparición en la carretera, o quizás por la forma de “presentarnos” mutuamente, todavía no lo sé. Al llegar, el agua nos acompañó sin cesar ni un minuto pero la ausencia de gente, la calma, la falta de ruido y ese silencio que lo envolvía todo me hacía hablar incluso en tono bajo, como no queriendo despertar a un imaginario gigante habitante de aquellos hielos. Un glaciar maravilloso que llega al mar, hielos rotos, inquietos, moviéndose de aquí para allá, pequeñas aves sobrevolando o nadando entre el inmenso lugar, y el silencio guardándolo todo, ligeramente alterado por los susurros y el chisporreo de la lluvia que caía plomiza y sin cesar. Apenas una cafetería al otro lado y un pequeño aparcamiento sin asfaltar. Un espectáculo natural casi inalterado difícil de olvidar.

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Fotografiamos de dos en dos; mientras uno sujetaba el paragüas el otro disparaba a pulso. Malos encuadres, la lluvia imperturbable, sin un solo minuto de tregua, nubes sin volumen… He de confesar que estaba más a sentir todo aquel espectáculo que a llevarme una imagen memorable difícil de lograr con aquellas combinaciones. Disfrutamos como niños porque son momentos en los que la adrenalina baila por las venas, el corazón se agita y el tiempo acaba, irremediablemente, deteniéndose, contagiado por el congelado paisaje…

Definitivamente, no te quieres ir de allí.

Miguel A. Peláez_-9

Una sopa pide quedarte ya caliente y bajo techo el resto del día pero tenemos que continuar. Visitamos la playa desde el coche con la esperanza de volver a pasar por este mismo lugar al día siguiente y tener mejor suerte, ya en el retorno de nuestro alojamiento más alejado del viaje.

Y llegamos por la mañana de regreso a la negra playa donde desembocan tantos y tantos cristales de hielo. El paisaje es lunar y muy diferente al nuestro, un paisaje nunca visto: arenas volcánicas, rastros blancos de las olas, diamantes naturales fragmentados por toda la playa, paz y silencio…De nuevo esa inquietud y esa alegría te recorre el cuerpo para dibujarnos una sonrisa en la cara, fiel reflejo de lo que se siente en estos lugares que no quisieras abandonar. La adrenalina te mueve de aquí para allá, todo lo quieres captar… Algo tienen de especial estas localizaciones cuando tantos fotógrafos y visitantes se detienen aquí desenfundando sus cámaras e inmortalizando estas negras arenas bañadas por el frío mar. Solo el tiempo nos pudo apremiar para abandonar tan bellísimo lugar regalándonos un maravilloso recuerdo que habitará por siempre en nosotros. ¡Belleza de lugar!.

Miguel A Bis 10 0 4

Ya en casa el arrepentimiento por no haber encontrado mejores encuadres nos embarga ligeramente, pesarosos por las malas luces o por no ejecutar técnicamente mejor aquellos momentos… Pero ya da igual. Con la excusa de la fotografía buscamos, en el fondo, inquietudes, sensaciones, vivencias, recuerdos… todo aquello que nos haga sentir más vivos y felices. En este rinconcito de la bellísima Islandia creo que supimos encontrar un trocito de todo esto. Jökulsárlón fue un lugar lleno de magia y enigmático, un lugar difícil de olvidar…

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Organizado por la Asociación StelaFotográfica de Torrelavega se ha celebrado este fin de semana un taller de fotografía y procesado en Blanco y Negro impartido por el magnífico autor Gabriel Brau.

La duración del mismo me pareció un tanto excesiva a priori, para explicar una metodología de trabajo muy puntual, pero siempre es un placer escuchar a estos profesionales de gran bagaje, con un gran curriculum, muchos trabajos a sus espaldas y grandes experiencias que contar. Al final siempre suele faltar tiempo. Creo que es una gran ventaja tener tan cerca a estos autores; para ellos la fotografía lo es todo y contagiarte mínimamente de ese espíritu compensa gratamente la asistencia. Rapidamente se comprueba que han estudiado muchísimo y que siguen entusiasmados con su profesión a pesar de los años.

Durante la salida de campo por Torrelavega

Durante la salida de campo por Torrelavega

Las grandes explicaciones técnicas y de procesado resultaron, en ciertos momentos, bastantes densas pero no por ello menos interesantes pues en ocasiones nos sirvieron a los asistentes para “descubrir” o simplemente para “recordar” conocimientos nuevos o adquiridos. A mucha gente les ha servido para conocer mucho sobre el archivo digital, a otros para darnos cuenta de que hay muchas cosas detrás de una captura. Todo es bienvenido, sobre todo cuando en el taller está cargado de buen ambiente y mejores compañeros.

Gabriel Brau explicando conceptos

Gabriel Brau explicando conceptos

No entro a mencionar cosas puntuales de lo tratado en el curso. Reconozco que me quedo más con la visión de este fotógrafo, con su forma de trabajar y con su pasión, que con los apuntes técnicos y puntuales de su procesado. Al final se trata de conocer otros autores y nuevos discursos, un nuevo conjunto de oportunidades, para, entre todas estas nuevas bifurcaciones que van surgiendo, seguir conduciendo cada uno por la mejor carretera de nuestra afición fotográfica (con la gratitud que supone compartir coche en este maravilloso viaje).

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Quiero agradecer especialmente a la junta directiva de StelaFotográfica por el esfuerzo que supone traer a estos autores aquí. Muchas veces no sabemos valorar el trabajo de organización que hay detrás de un ponente. Ellos contactan, negocian, reciben, comparten su tiempo, preparan aulas, detalles, inconvenientes…etc. Justo es aplaudir a los compañeros que, con su esfuerzo e interés, van consolidando cierta trayectoria al grupo. A la larga, todos saldremos beneficiados.

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La idílica Islandia

Recién llegados de un viaje fotográfico por Islandia, comienzo, en esta primera entrada sobre el mismo, haciendo mención a las condiciones metereológicas que nos acontecieron durante algunos días. Y es que, en ocasiones, Islandia no es tan idílica como parece.

Si durante el primer día dejamos de ver muchos lugares por la cantidad de nieve acumulada en la península de Reykjanes, el segundo día costaba avanzar con el coche luchando frente al temporal de viento y agua que lo envolvía todo, paisaje incluido.

Carretera por la península de Reykjanes

Carretera por la península de Reykjanes

Bien es cierto que luego tuvimos suerte con el resto de la semana pero hay que mencionar aquí los rápidos cambios que el tiempo islandés sufre a lo largo de las horas o en el transcurso de un día para otro.

En nuestra primera salida nocturna el cielo estaba despejado y la distancia del apartamento a la ubicación escogida apenas era de 5 minutos en coche. Sacamos los trípodes y en cuestión de unos minutos comenzó a cubrirse y comenzar a nevar tan copiosamente que temimos por la sesión mientras nos metíamos de nuevo en el automóvil. Finalmente, al cuarto de hora, los copos de trapo dejaron de caer y pudimos apreciar, aunque muy ligeramente, nuestras primeras y débiles auroras boreales.

El segundo día se fue encapotando progresivamente hasta terminar en diluvio. Nos las prometíamos felices al amanecer, pero ya en los acantilados el viento golpeaba frente a las lentes de los objetivos dificultando el fotografiar a placer. Las condiciones se convirtieron en una lucha permanente frente a la naturaleza: el agua salpicaba constantemente, el viento hacía trepidar nuestros trípodes, limpiábamos lentes y filtros, encuadrábamos de nuevo, agachábamos la cabeza para aguantar, disparábamos si podíamos y vuelta a comenzar… De repente parece que teníamos cinco minutos de tregua y aprovechábamos, sin ver ni tan siquiera los resultados. Otras parecía que la lluvia nunca iba a cesar y apretábamos con fuerza los dientes maldiciendo (pero siempre alegres). Pocas imágenes, coche y a continuar… el agua comenzaba a arreciar con mayor fuerza.

©Gema Herrán Viento por Reykjanes

©Gema Herrán
Viento por Reykjanes

Durante esta segunda jornada no sé ni cómo pudimos salir del coche en la preciosa cascada de Seljalandsfoss. El temporal desde el coche daba miedo y desde el aparcamiento nos movía a todos como si estuviéramos dentro de un barco. Tras el remojón de llegar a la cascada nos dimos cuenta que tras ella el viento golpeaba menos y pudimos estar algo más tranquilos (aunque siempre lloviendo y salpicando agua). Salir de aquel refugio natural era toda una aventura y suponía calarse hasta los huesos de nuevo. Como testigo quedan varias anécdotas de esas horas, unas más divertidas que otras, pero siempre para recordar:

1)      Al volver al coche a por la cámara me calcé un poncho dentro del coche. Al salir quedó hecho añicos de las fortísimas ráfagas y mi amiga todavía seguirá con agujetas de las risas que le produjo mi ridículísima imagen. (Aquí me véis con parte del poncho que llegó a la cascada, todo rajado. Delante de mí están mis tres compañeras muertas de la risa, casi a lágrima tendida… ¡Doy verdadera lástima (y risa)!.

© Laura Cué Mi patética imagen con el poncho destrozado

© Laura Cué
Mi patética imagen con el poncho destrozado

2)      La funda de plástico que tenía envolviendo la cámara creo que ya debe andar volando por la zona norte de Islandia… No sé cómo se pudo escapar si estaba bien amarrada.

3)      Tras la sesión, otra inmensa ráfaga forzó la puerta del coche por la parte del conductor, y quedó medio abierta sin encajar. Al final conseguimos cerrarla y salir hacia un garaje. Fue imposible de reparar asi que quién conducía tuvo que salir el resto de los días por la puerta del copiloto para no arruinar el resto de nuestros planes. (Aquí veís el momento de la reparación, cuando todavía nos creíamos que iba a solucionarse la avería).

© Laura Cué Reparación frustada de la puerta

© Laura Cué
Reparación frustada de la puerta

4)      Para colmo ya en el hotel por la tarde me doy cuenta que me falta mi plumífero y mi cartera con dinero y documentación. El único sitio posible de pérdida era esta misma localización, 40 kms más atrás. Desesperados, cogimos de nuevo el coche y dimos la vuelta por si se hubiese enganchado en alguna rama cercana al aparcamiento (total, mucha gente no andaría de paseo ese día porque era imposible siquiera caminar). Solo el azar y la suerte me pudo regalar de nuevo mi prenda y mi cartera, alejados unos cientos de metros del aparcamiento y completamente empapados. (Aquí me véis en el momento de la fortuna, cuando recuperé el plumífero.; un momento de alegría entre tan ruinoso día. Os juro que mi cabeza no es tan grande, de verdad…)

© Laura Cué Momento explosivo de alegría al encontrar mi plumifero

© Laura Cué
Momento explosivo de alegría al encontrar mi plumifero

Tras un día de tregua y buen tiempo que aprovechamos volvía la lluvia. Salimos ya lloviendo del hotel-cabaña y casi sin darnos cuenta estábamos en el hielo de Jöjulsárlón.

© Mercedes Gómez Secando la ropa en la habitación

© Mercedes Gómez
Secando la ropa en la habitación

La sesión tuvo que ser de dos en dos: uno disparaba mientras el otro aguantaba el paraguas, ¡no existía otra forma!. Disfrutábamos del entorno pero no eran condiciones ideales, lloviendo incansablemente, sin cesar un solo minuto.

© Gema Herrán Ponchos y lluvia sin parar en Jökulsárlón

© Gema Herrán
Ponchos y lluvia sin parar en Jökulsárlón

El resto de días tuvimos suerte, bastante suerte (incluso tuvimos calor en algún momento).

Viendo las condiciones que narraba otro fotógrafo en su blog una semana antes por estos lugares, hay que reconocer que la tuvimos con nuestros días… Dicen las guías de Islandia que el tiempo cambia cada cinco minutos y casi es cierto. Las predicciones metereológicas que ofrecen suelen acertar por más que, bajo las tormentas y la invisibilidad, parezca imposible que vaya a cambiar.

Como veis, la fotografía no es tan fácil y muchas veces lo idílico de los lugares es cuestión de tiempo, de suerte o de insistencia. En este tipo de viajes hay que fotografiar los momentos y las luces que se presentan al llegar, sin posibilidad de volver al lugar por la inquietud por descubrir nuevas localizaciones.

Trepidar la cámara es fácil, en la mano o con el trípode

Trepidar la cámara es fácil, en la mano o con el trípode

De todas formas un viaje combinado con fotógrafos es una experiencia única. Si te gusta viajar y la fotografía, el mezclar estas dos aficiones resulta una aventura apasionante, máxime si tus compañeros son de gran confianza y mismas ambiciones, como fue en mi caso.

Ahora hay que volver a empaparse pero de otra forma. Ya en casa, toca saborear cada momento, volviendo a los lugares a través de las imágenes y los recuerdos, recordando las risas, los saltos, los abrazos, el frío y la lluvia, el sol y, como no…. la amistad. ¡¡Un recuerdo imborrable ya para siempre!!. La distancia en el tiempo también ayuda a saborear ciertas cosas y terminaremos, por supuesto, en calificar a este país como idílico para los fotógrafos, a pesar de su desbordante y, en ocasiones, frustante meteorología.

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